Todos nosotros entramos al valle…se extasían la mente, la vista y el sentimiento, frente a montañas cual rascacielos enfrenta al universo.
Valle magnético que entre su gente tiene a empresarios, agricultores, funcionarios público, extranjeros, jubilados, turistas, artesanos, místicos, choferes, escolares, ancianos, niños, músicos, actores, escritores, astrónomos, cineastas, artesanos, fotógrafos, arrieros, herreros, constructores.
Valle indómito donde vizcachas van en las cumbres y un zorro distendido se deja ver a veces, valle de carretera larga y serpenteante… de angosto límites y barrancos nos hacen vacilar.
En el día y la noche un aire puro y un silencio que no alcanza a ser silencio por el canto de grillos, aves, el agua cristalina del valle de cochiguaz, las pichangas de domingo, los bailes de sábados, su ir venir de buses que llevan a todos los que entran y salen del Valle de Elqui.
Estela de pueblos, familias, apellidos, esposos, abuelos, tradiciones, costumbres de un Chile rural… un valle que cada día es avistado por un nuevo observador visitante.
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